Relato mata dato

¿IA fuera de control?

Luego de alguna dilación, Donald Trump firmó el decreto de regulación sobre IA. Si bien no cubre las expectativas de los regulacionistas a ultranza no deja de ser una derrota para los tecno-oligarcas pro laissez faire. Tal vez, Peter Thiel, dueño de Palantir ya daba por descontado el freno y vino a vivir a la Argentina donde Javier Milei le ha asegurado el terreno para desplegar su proyecto panóptico global a cambio de inversiones y el uso de sus herramientas para el control social y, tal vez, el fraude electoral.

En una nota publicada en el Financial Times – Milei raramente publica en su país – hizo el panegírico de la libertad absoluta para el desarrollo de la IA y abogó por la delirante unidad del hombre y la máquina al decir que la IA resuelve las ”limitaciones del cerebro humano”. También propuso la creación de “corporaciones no humanas” una peligrosa figura legal que permitiría a agentes de IA hacer todo lo que hace una corporación hoy, pero sin la responsabilidad que le cabe a un humano. Tenebroso.

Según el nuevo marco regulatorio, la Casa Blanca aplicará un criterio voluntario – que bien podría ser obligatorio en el futuro – por el cual se abre un proceso de evaluación de 30 días mediante el cual las principales empresas de IA se comprometen a compartir sus modelos avanzados con el gobierno para identificar y abordar los riesgos de ciberseguridad. El inefable Steve Bannon, defensor de las regulaciones sobre IA, calificó la orden del martes como una victoria para los escépticos conservadores de Silicon Valley. Bannon y otros 60 activistas conservadores – y aliados de Trump- firmaron una carta el mes pasado instando al presidente a exigir una investigación de antecedentes obligatoria.

A pesar de que el decreto critica duramente el enfoque “engorroso” del ex presidente Joe Biden respecto a las normas de IA, el nuevo plan de seguridad de la IA de Trump es prácticamente idéntico al de su predecesor.

Muchas personas del sector de la IA y sus alrededores también afirmaron que la nueva disposición de la Casa Blanca podría ser el primer paso hacia regulaciones más estrictas para esta tecnología. Pese a los contrapuntos, varios lobistas del sector tecnológico indicaron que, en general, están satisfechos con el nuevo marco, siempre y cuando no dé lugar a normas significativamente más estrictas en el futuro.

A una semana de la encíclica “Magnífica humanitas”, los EE.UU. han dado una “respuesta” que está a mitad de camino de lo pregonado por León XIV. En el Vaticano, en la presentación del documento papal, estaba presente el cofundador de Anthropic Christopher Olah que no casualmente acaba de anunciar que su empresa – desarrolladora de Claude y Mythos una IA potencialmente peligrosa – pidió una pausa global en el desarrollo de la IA, argumentando – alineados con la encíclica – que los humanos corren el riesgo de perder el control de la IA a medida que los modelos mejoran rápidamente sus capacidades. Proponen crear un sistema para ralentizar o pausar el desarrollo de los modelos de vanguardia, que se aplicaría a toda la industria.

Sin embargo, el reto de desarrollar un sistema creíble para pausar el desarrollo de la IA reside en garantizar que todos los actores cumplan con sus obligaciones. Una empresa que incumpla podría seguir desarrollando en secreto para obtener ventaja sobre los demás. Mismo dilema con China que tomaría ventaja ante el parate de Occidente.

El ritmo de mejora de Claude en la duración de las tareas que puede completar de forma fiable por sí solo ha aumentado rápidamente. En 2024, Claude podía completar tareas que a un humano le llevaban cuatro minutos. Este año, su capacidad se acelerará hasta alcanzar tareas que a un humano le llevarían días. Según Anthropic, para el año que viene, los sistemas de IA podrían ser capaces de completar de forma fiable tareas que a un humano le llevarían semanas.

En la misma semana, Nvidia presentó una nueva arquitectura cuántica-híbrida revolucionaria que ha llevado – según sus creadores – 30 años en desarrollarse, lo que impulsó las acciones de la compañía a la estratósfera y le dio al proyecto IA un nuevo impulso. Pese a eso, mientras la tecnología de la IA tiene un futuro prometedor, el negocio de la IA empieza a parecer un pozo sin fondo, sobre todo ante la noticia de que incluso algunas de las mayores empresas del mundo se apresuran a vender cantidades históricas de acciones para financiar una nueva etapa de expansión.

En ese plano, Donald Trump dijo el viernes pasado que su intención es hacer partícipe al gobierno de esa financiación comprando acciones en empresas del sector, lo cual podría parecer un gran negocio para el Estado Federal siempre y cuando las promesas de productividad de esta innovación den los resultados previstos. Hasta aquí, todo parece una carrera sin control hacia una meta desconocida o incierta en la que, paradójicamente, nadie quiere quedar afuera. Todos quieren comprar bulbos de tulipanes, aunque no se sepa bien porqué. 

Al respecto Anthropic acaba de lanzar una versión de Mythos, altamente mejorada y que no tiene suscripción gratuita justo antes de que la empresa presentara la documentación necesaria para su salida a bolsa. La presión para demostrar un crecimiento de los ingresos es enorme.

En definitiva, la racionalidad está dada por el aspecto técnico del asunto, tanto en la infraestructura necesaria, como en el desarrollo tecnológico específico. Pero la aplicación práctica, la pregunta por quién controlará el proceso – o será autocontrolado – están bajo una atmósfera irracional en la que personajes como Trump y Milei hacen gala de la maldad y el maltrato como algo natural de lo que no hay que avergonzarse. De ahí la importancia de la encíclica que pone en ese aspecto toda la atención porque no hay duda de que se está jugando, no solo el futuro del capitalismo, sino el futuro de la humanidad.

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Politólogo UBA, Master FLACSO, pelotari Centro Navarro.