El senador republicano Graham, acaba de fallecer, de forma repentina, a los 71 años. Inició su carrera política en el salón de billar adosado al restaurante que regenteaban sus padres en Carolina del Sur y se recibió de abogado en la Universidad de ese estado. Antes de servir en el Senado, fue elegido a la Cámara de Representantes de EE.UU., en 1994, como el primer republicano del Tercer Distrito de Carolina del Sur desde 1877. Se desempeñó en la Fuerza Aérea como abogado y comenzó a viajar de manera incansable por los frentes de batalla que su país suele abrir a menudo.
Desde 2002 ocupaba el cargo de senador, habiendo reemplazado a Strom Thurmond, quien en ese año estaba próximo a cumplir los 100. Thurmond era abogado, político y militar, fue gobernador de Carolina del Sur y candidato en las elecciones presidenciales estadounidenses de 1948 por una facción del Partido Demócrata que defendía las leyes Jim Crow y la segregación racial, pero perdió a manos del entonces presidente Harry S. Truman.
Graham ocupó la banca de senador, un año antes de la muerte del centenario Thurmond – senador desde 1955 – o del otro representante de Carolina del Sur, Fritz Hollings – desde 1967 – que “sólo” vivió 97 años, aunque se retiró del cargo en 2004.
La particularidad de Graham – además de fallecer joven – es la de haber impulsado la carrera de Donald Trump hacia la presidencia estadounidense, convenciendo a los republicanos de esa aventura, sin renunciar a las alianzas tradicionales que lo habían depositado en su silla curul, merced a sus grandes dotes de componedor y su dedicación exclusiva a la política. No tuvo esposa ni familia.
Graham y Trump tenían una relación entrañable. Compartían la afición por el golf, su otra verdadera pasión, además de tener devoción por su hermana Darline que es la candidata a sucederlo en el senado.
Gran aliado de Benjamín Netanyahu, Graham convenció a Trump de bombardear Irán y de eliminar al ayatolá a principios de este año y su deseo era ir a fondo con la intervención militar.
Graham estaba constantemente de viaje. Acababa de regresar de Ucrania el fin de semana anterior a su muerte súbita y se sabe que fue quien más habló a Trump sobre la necesidad de sostener a Volodimir Zelenski, desde sus inicios, a cualquier precio.
El hecho de contar con la confianza de Trump, pero también con la credibilidad de tantos demócratas, con quienes siempre había colaborado en política exterior, significaba que Graham podía sentarse con jefes de Estado e intentar cumplir la que quizás fuera su gran meta: la normalización de las relaciones entre Israel y Arabia Saudita.
En su país cultivaba la relación con los demócratas, compartió 10 años de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado con Joe Biden en sus recorridas por el mundo. Como dijo el ex presidente al enterarse de su deceso: “Al igual que yo, él amaba el Senado como institución, incluso con todos sus defectos y complejidades”. Ambos creían en el bipartidismo que cruje en estos tiempos alocados de MAGA y trabajaban en consecuencia.
Siguió la tradición de Thurmond y Hollings, colaborando con ambos partidos para desarrollar proyectos en su distrito. Graham nunca cedió en ese aspecto y se sintió incómodo cuando Trump presionó a los legisladores estatales de Carolina del Sur para que el representante demócrata James Clyburn renunciara a su escaño.
¿Por qué renunciar a un veterano demócrata clave, el único demócrata en la delegación estatal, cuando su ayuda era fundamental en temas como la obtención de fondos federales para profundizar el puerto de Charleston? La oposición eventualmente volvería a controlar el Congreso o la Casa Blanca, y era ventajoso contar con representantes veteranos de ambos partidos en el estado. Graham conocía la “calesita”.
¿Quién hablará ahora al oido de Trump? ¿Quién pondrá racionalidad política en las filas republicanas? ¿Cómo funcionará el Senado de los EE.UU.? Colegas como Lamar Alexander (Tenneessee), Roy Blunt (Missouri) y John Cornyn III (Texas) ya se han marchado. Mitch McConnell (Kentuky), recientemente internado, espera su jubilación en una cama de hospital. Y figuras mucho más jóvenes y prometedoras como Steve Daines (Montana) también se dirigen hacia la salida.
Con los desbalances de la política de ese país y un presidente temerario a cargo, la falta de políticos de la “vieja guardia” seguramente dejará el camino libre para el descontrol y el deterioro del GOP. En tanto que los demócratas aún están envueltos en la bruma de la derrota y en el horror que les produce el deterioro de la calidad institucional de un país que marcha a los tumbos rompiendo contratos escritos y tácitos.
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