Relato mata dato

¿Hacia dónde va el tren de la IA?

Cuando en el siglo XIX el ferrocarril expandió el comercio en el mundo, la construcción de vías férreas y de toda la infraestructura del riel recibió en los EE.UU. unos 8000 millones de dólares de inversión, dando cuenta del 25% del PBI. La revolución del vapor creó miles de puestos de trabajo y conectó ciudades y pueblos, incrementando el intercambio de bienes y personas.

Hoy, ese lugar lo ocupa el desarrollo de la IA. La construcción de centros de datos está en auge en todo el país donde acaba de inaugurarse – en Wisconsin, Virginia – el centro de Microsoft en Fairwater que alberga miles de racks. Sobre 127 hectáreas se construyeron 111.150 metros cuadrados distribuidos en tres edificios y casi 200 kilómetros de cableado. Cada rack alberga 72 GPU que comparten 14 terabytes de memoria, procesando 865.000 tokens por segundo. 

Este desarrollo, que ya cuenta con unos 4.000 centros de datos en ese país, a diferencia del ferrocarril, es de una naturaleza perturbadora cuyo resultado final genera divisiones, no sólo entre Sillicon Valley y Washington sino entre los mismos estados. El más favorable de ellos es Texas, donde las tecnológicas han establecido sus grandes plantas, en tanto que Maine es quien lidera los estados que la rechazan. 

Texas cuenta hoy con 212 centros de datos operativos y se han anunciado 651 más, según la empresa de datos Aterio. Otros 157 están en construcción, superando a Virginia. Además de bajos precios de electricidad y abundancia de terrenos, Texas ofrece uno de los incentivos fiscales más generosos del país, por un valor superior a los mil millones de dólares anuales. 

Al calor del auge desatado, algunos legisladores texanos están reconsiderando las exenciones generosas, pero el lobby de las tecnológicas es suficientemente fuerte para lograr su sostenimiento, a pesar del creciente rechazo de los ciudadanos comunes que ven cómo un estado “seco” se deshidrata aún más debido al alto consumo de agua utilizada para refrigerar las instalaciones. Otra de sus preocupaciones es el enorme consumo de electricidad. Se calcula que el consumo diario de un centro de datos grande es el equivalente a 300.000 hogares. 

Los empleos que generan estos centros de datos son muchos a la hora de su construcción, pero muy reducidos cuando entra en funcionamiento y el desarrollo económico —los principales beneficios que destacan políticos y empresas— podrían ser efímeros a menos que los gobiernos locales garanticen beneficios a largo plazo para sus comunidades.

Maine, el estado que avanza en la dirección opuesta está a punto de establecer una prohibición de que tales industrias se radiquen en su suelo. Todavía no está claro que la gobernadora Janet Mills vaya a aprobar o no la medida que salió del legislativo estadual que propone una prohibición por 18 meses, tiempo para evaluar las proyecciones de crecimiento de la demanda eléctrica, idear estrategias para proteger a los consumidores y revisar cómo se pueden aplicar las herramientas financieras y los programas estatales actuales a los centros de datos. Maine lidera esta moratoria que otros 11 estados están contemplando.

Los legisladores de Nueva York están considerando una moratoria estatal de tres años sobre los grandes proyectos de nuevos centros de datos mientras el estado estudia sus impactos ambientales y energéticos. En tanto que en Pensilvania también se están presentando propuestas de gran envergadura, que incluyen complejos de centros de datos multimillonarios y proyectos de reurbanización en antiguas naves industriales semi abandonadas.

Muchos de estos emplazamientos se encuentran cerca del río Delaware, lo que suscita preocupación por las extracciones de agua que podrían afectar al suministro de agua en Nueva Jersey. La contaminación atmosférica procedente de centrales eléctricas nuevas o reabiertas también podría traspasar las fronteras estatales, echando por tierra años de reducción de la contaminación.

Nueva Jersey ya está experimentando las primeras señales de alerta. Con aproximadamente 80 centros de datos ya operativos en el estado y muchos más en proyecto, el Estado Jardín se está convirtiendo rápidamente en un centro neurálgico para la infraestructura informática de IA. Al mismo tiempo, los subsidios, los cambios en la zonificación y las aprobaciones aceleradas están contribuyendo a acelerar su expansión.

La demanda de electricidad tiene su impacto ambiental puesto que las compañías eléctricas están retrasando el cierre de centrales eléctricas de combustibles fósiles o proponiendo nuevas centrales de gas para satisfacer esta demanda. Algunas propuestas incluso sugieren la reapertura de instalaciones nucleares cerradas, como la de Three Mile Island.

En lugar de acelerar la transición a la energía limpia, el rápido crecimiento de los centros de datos corre el riesgo de consolidar nuevas infraestructuras de combustibles fósiles durante décadas, socavando así los objetivos climáticos, sobre los que de todos modos la administración Trump no tiene en cuenta.

La demanda de agua de los centros de datos es enorme. Las grandes instalaciones pueden consumir entre 12 y 28 millones de litros de agua al día para sus sistemas de refrigeración. Una sola instalación de este tipo puede utilizar tanta agua potable como 4.000 hogares o una ciudad entera de 10.000 habitantes, por día.

Los sistemas de refrigeración tradicionales también generan vertidos de aguas residuales que pueden contener minerales concentrados, productos químicos de tratamiento y metales que pueden afectar a ríos, lagos y sistemas de tratamiento municipales si no se gestionan adecuadamente.

En un momento en que muchas regiones ya se enfrentan a la sequía crónica, permitir instalaciones que consumen millones de litros de agua al día plantea serias preocupaciones en materia de sostenibilidad y compiten con la producción agropecuaria.

La mayoría de las instalaciones dependen de grandes generadores diésel de respaldo para garantizar un suministro eléctrico ininterrumpido. Estos generadores emiten óxidos de nitrógeno, partículas contaminantes y monóxido de carbono.

Los estadounidenses concentran hoy el 37% de los centros de datos del mundo, concentrando la matyor cantidad de instalaciones. Como la proyección es a triplicar este número se requerirá triplicar la cantidad de cobre, chips, agua y energía – entre otros – para seguir esta carrera desenfrenada.

Al final del camino, estas mega instalaciones habrán alimentado diversos modelos de IA que competirán entre sí, dejando a varias en el camino. ¿Qué será de esas enormes naves tecnológicas? ¿Continuarán entrenando? ¿Serán obsoletas? ¿Volverán a ser naves abandonadas como las de la industria del Rust Belt? 

El modelo triunfal ejercerá un dominio absoluto sobre enormes porciones del trabajo tal como lo conocemos hoy y sobre la sociedad toda. Es como si estuvieran librando una carrera feroz – que sostiene el vigor del capitalismo – en la construcción de un enorme tren cuya vía desemboca en un precipicio.

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ronchamp
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Politólogo UBA, Master FLACSO, pelotari Centro Navarro.