El libro “La República Tecnológica” (2025) de Alex Karp – CEO de Palantir – y Nicholas W. Zamiska, director de asuntos corporativos y asesor legal de la oficina del director ejecutivo de la misma empresa, plantea una nueva filosofía de Occidente. Este año, basado en ese texto, lanzaron el Manifiesto Palantir:
1. Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que hizo posible su auge, por lo tanto, la élite de la ingeniería de Silicon Valley tiene la obligación de participar en la defensa de la nación.
2. Debemos rebelarnos contra la tiranía de las aplicaciones. ¿Es el iPhone nuestro mayor logro creativo, si no el más importante, como civilización? El objeto ha cambiado nuestras vidas, pero también puede estar limitando y restringiendo nuestra percepción de lo posible.
3. El correo electrónico gratuito no es suficiente. La decadencia de una cultura o civilización, y de hecho de su clase dominante, sólo se perdonará si esa cultura es capaz de generar crecimiento económico y seguridad para el público.
4. Se han expuesto los límites del poder blando, de la mera retórica grandilocuente. La capacidad de las sociedades libres y democráticas para prevalecer requiere algo más que un atractivo moral. Requiere poder duro, y el poder duro en este siglo se construirá sobre software.
5. La pregunta no es si se construirán armas de IA; es quién las construirá y con qué propósito. Nuestros adversarios no se detendrán a enfrascarse en debates teatrales sobre los méritos del desarrollo de tecnologías con aplicaciones críticas para la seguridad militar y nacional. Seguirán adelante.
6. El servicio nacional debería ser un deber universal. Como sociedad, deberíamos considerar seriamente abandonar un ejército exclusivamente voluntario y sólo librar la próxima guerra si todos comparten el riesgo y el costo.
7. Si un marine estadounidense pide un mejor rifle, deberíamos fabricarlo; y lo mismo ocurre con el software. Como país, deberíamos ser capaces de continuar un debate sobre la pertinencia de la acción militar en el extranjero, sin dejar de ser firmes en nuestro compromiso con aquellos a quienes hemos pedido que se expongan al peligro.
8. Los funcionarios públicos no tienen por qué ser nuestros sacerdotes. Cualquier empresa que compensara a sus empleados de la misma manera que el gobierno federal compensa a los funcionarios públicos tendría dificultades para sobrevivir.
9. Deberíamos mostrar mucha más gracia hacia aquellos que se han sometido a la vida pública. La erradicación de cualquier espacio para el perdón —un descarte de toda tolerancia hacia las complejidades y contradicciones de la psique humana— puede dejarnos con un elenco de personajes al mando que llegaremos a lamentar.
10. La psicologización de la política moderna nos está desviando. Aquellos que buscan en la arena política nutrir su alma y sentido de sí mismos, que dependen demasiado de que su vida interior encuentre expresión en personas que tal vez nunca conozcan, quedarán decepcionados.
11. Nuestra sociedad se ha vuelto demasiado ansiosa por apresurar, y a menudo se regocija con la desaparición de sus enemigos. La derrota de un oponente es un momento para reflexionar, no para regocijarse.
12. La era atómica está terminando. Una era de disuasión, la era atómica, está terminando, y una nueva era de disuasión basada en la IA está a punto de comenzar.
13. Ningún otro país en la historia del mundo ha promovido valores progresistas más que este. Estados Unidos está lejos de ser perfecto. Pero es fácil olvidar cuántas más oportunidades existen en este país para quienes no son élites hereditarias que en cualquier otra nación del planeta.
14. El poder estadounidense ha hecho posible una paz extraordinariamente larga. Muchos han olvidado, o tal vez dan por sentado, que casi un siglo de alguna versión de paz ha prevalecido en el mundo sin un conflicto militar entre grandes potencias. Al menos tres generaciones —miles de millones de personas, sus hijos y ahora nietos— nunca han conocido una guerra mundial.
15. La neutralización de Alemania y Japón después de la guerra debe revertirse. El desarme de Alemania fue una corrección excesiva por la que Europa ahora está pagando un alto precio. Un compromiso similar y altamente teatral con el pacifismo japonés, si se mantiene, también amenazará con cambiar el equilibrio de poder en Asia.
16. Deberíamos aplaudir a quienes intentan construir donde el mercado no ha actuado. La cultura casi se burla del interés de Musk en la gran narrativa, como si los multimillonarios debieran simplemente mantenerse en su carril de enriquecerse… Cualquier curiosidad o interés genuino en el valor de lo que ha creado es esencialmente descartado, o tal vez acecha bajo un desprecio apenas velado.
17. Silicon Valley debe desempeñar un papel en abordar el crimen violento. Muchos políticos en todo Estados Unidos se han encogido de hombros en lo que respecta al crimen violento, abandonando cualquier esfuerzo serio para abordar el problema o asumir cualquier riesgo con sus electores o donantes al proponer soluciones y experimentos en lo que debería ser un intento desesperado por salvar vidas.
18. La exposición despiadada de las vidas privadas de las figuras públicas aleja demasiado talento del servicio público. El ámbito público —y los ataques superficiales y mezquinos contra quienes se atreven a hacer algo más que enriquecerse— se ha vuelto tan implacable que la república se encuentra con una lista significativa de personas ineficaces y vacías cuya ambición se perdonaría si existiera alguna estructura de creencias genuina en su interior.
19. La cautela en la vida pública que, sin darnos cuenta, fomentamos es corrosiva. Quienes no dicen nada malo a menudo no dicen casi nada.
20. Hay que resistir la intolerancia generalizada hacia las creencias religiosas en ciertos círculos. La intolerancia de la élite hacia las creencias religiosas es quizás una de las señales más reveladoras de que su proyecto político constituye un movimiento intelectual menos abierto de lo que muchos dentro de él afirman.
21. Algunas culturas han producido avances vitales; otras siguen siendo disfuncionales y regresivas. Todas las culturas son ahora iguales. Se prohíben las críticas y los juicios de valor. Sin embargo, este nuevo dogma pasa por alto el hecho de que ciertas culturas, e incluso subculturas, han producido maravillas. Otras han demostrado ser mediocres, y peor aún, regresivas y dañinas.
22. Debemos resistir la tentación superficial de un pluralismo vacío y hueco. Nosotros, en Estados Unidos y, más ampliamente, en Occidente, nos hemos resistido durante el último medio siglo a definir culturas nacionales en nombre de la inclusión. ¿Pero inclusión en qué?
Palantir es una empresa tecnológica creada por Peter Thiel y Alex Karp que desarrolla desde hace años sistemas de vigilancia que hoy tienen alcance global: en el espacio, en la sociedad civil de los países occidentales y mucho más allá de sus fronteras. Todas sus bases de datos convergen en centros unificados de IA que, a pesar de su estatus formal de «privados», están integradas al sistema de agencias de inteligencia estadounidense e influyen en la toma de decisiones políticas. Los servicios de Palantir resultan claves tanto para guiar los pasos del ICE en sus redadas anti inmigrantes, como para eliminar a todos los líderes iraníes o para secuestrar a Nicolás Maduro de Venezuela.
La “nueva filosofía” es lo más parecido al temido mundo de “1984”, la distopía de George Orwell en la que todos los dispositivos electrónicos conectados a la red se utilizan para el control de un despiadado sistema de dominación. Los valores humanistas del pasado ya no son necesarios. La propuesta es que el humanismo liberal – expresado en agencias de poder blando como USAID – quede relegado a la historia en favor del avance implacable de los intereses mediante la violencia, el poder desnudo y la dominación, nada muy distinto a lo que Donald Trump ha puesto en marcha desde que asumió su segundo mandato.
Los autores nos instan a no ser demasiado duros con las “desviaciones psicológicas” de los líderes políticos y económicos, de ahí que personajes perversos y desquiciados como Javier Milei o Donald Trump – o los propios Thiel y Karp – deberían ser excusados siempre y cuando hagan lo correcto. Y lo correcto es impulsar el avance tecnológico y librarlo de regulaciones, bajo un presupuesto extorsivo: si no lo hacemos nosotros, lo harán ellos (los chinos, rusos, etc.)
En el nuevo orden tecno-oligarca el derecho, en general, y el derecho internacional tradicional, en particular, ya no tienen validez. La fuerza impone la razón, y el poder reside en quienes controlan la información y los métodos de vigilancia total. Ahora, el dominio de las élites tecnocráticas se proclama abiertamente, y ni siquiera intentan ocultar sus intenciones.
La publicación de este documento, seguramente es la confirmación de que EE.UU., como potencia mundial, está ya lo más cerca posible de lograr el control total. De lo contrario, tal franqueza sería prematura y peligrosa: podría asustar y movilizar innecesariamente a los opositores, puesto que ya no hablamos del liberalismo habitual, sino de algo mucho más duro.
Fueron ellos quienes llevaron a Trump al poder a fuerza de dinero y, al parecer, son la autoridad que lo controla. Detrás de todas las vacilaciones de Trump se esconde un algoritmo que no se puede descifrar a simple vista. No es liberal, e incluso los neoconservadores lo repudian. La filosofía propuesta por Palantir es una versión mejorada de los neoconservadores, algo mucho más peligroso.
El manifiesto lo deja claro: basta de ilusiones humanistas. Adiós a la disuasión nuclear, la ONU y el mundo multipolar. Los tecno oligarcas declaman su dominio absoluto del mundo a través de una poderosa inteligencia artificial en manos de los EE.UU. – o sus corporaciones – gracias a la Singularidad. Esa Singularidad es la posición geopolítica, el liderazgo militar-tecnológico y el sentido misional que Palantir le asigna a esa potencia. Habrá que someterse a ese nuevo orden en donde una buena porción de la humanidad caerá en la obsolescencia. O resistir.
Cuando Peter Thiel – quien dijo que libertad y democracia son incompatibles – y Palantir desembarcaron hace un mes en la Argentina lo hicieron con el mismo propósito: “asociarse” al estado argentino para monetizar toda la información disponible de las bases de datos de la administración pública nacional y alimentar el panóptico mundial de control social. En ese caso, Palantir comenzará a tomar- como en los EE.UU. – decisiones soberanas sobre nuestra ciudadanía. Habrá que resistir con todas las fuerzas y recursos disponibles a esta verdadera invasión silenciosa pero tenaz.
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