La semana pasada hubo dos hechos salientes en el desarrollo de la IA en el mundo. Por un lado, Open IA lanzó una propuesta para discutir una política pública de IA que abarca temas desde la seguridad hasta la reforma impositiva y la redistribución del ingreso con unos lineamientos basados en una “IA que sostenga a la gente primero”.
Por el otro, la decisión de Anthropic de limitar la circulación de su IA Claude Mythos – debido a su comprobada eficiencia para hackear sistemas – a grandes empresas y gobiernos para que estén preparados para un eventual ataque. Ambas medidas son el reconocimiento que, al igual que la energía nuclear, la IA puede usarse para fines pacíficos o malvados, aunque bajo la indiscutible realidad de que el fin “pacífico” de la IA implica una profunda alteración del mundo en que vivimos en el que cientos de oficios y profesiones dejarán de tener sentido. Ni hablar de los fines malvados en sí.
En el primer caso, Open IA parangona la revolución en marcha con la Revolución Industrial y la irrupción del ferrocarril o la electricidad – inventos que aceleraban el progreso material del mundo al que llegaban y no lo trastocaban como la IA – y propone una discusión colaborativa para establecer una política pública para mitigar los cambios y participar de las ganancias a toda la sociedad. Una especie de New Deal – dice el documento – es decir que están buscando una solución a un colapso – no a una revolución – tal como fue la crisis de 1930.
Desde Sam Altman de OpenAI hasta Dario Amodei de Anthropic, los ejecutivos de la IA están ansiosos por influir en la regulación y el fomento de sus productos, presentando ideas políticas ambiciosas para gestionar el impacto de la tecnología que moldeará el futuro, con o sin regulaciones.
En la esfera política, el Congreso estadounidense tiene un historial de estancarse en los detalles políticos y los legisladores ahora se enfrentan a un movimiento de pinzas: por parte de las corporaciones que avanzan a pesar de todo y de las crecientes demandas y temores de los ciudadanos sobre un futuro dominado por esta tecnología.
Las propuestas políticas de Anthropic se han inclinado más hacia la gobernanza interna y la transparencia, incluyendo auditorías económicas para determinar el impacto de la IA en el empleo, así como controles de exportación más estrictos y una mayor evaluación gubernamental de los sistemas de IA.
Chris Lehane, director de asuntos globales de OpenAI, ha defendido durante mucho tiempo la redistribución de los beneficios de las nuevas tecnologías, desde proponer un «nuevo pacto» para las criptomonedas hasta promover políticas que extiendan los beneficios económicos de la IA a un público más amplio.
«Sabemos que la mayoría de los estadounidenses quiere que el gobierno tome medidas sobre estos temas», dijo Heck, refiriéndose a las posturas políticas de Anthropic sobre la transparencia de los modelos, el impacto económico y la energía.
Silicon Valley y Washington suelen hablar idiomas diferentes, tanto como que uno se dedica a los negocios y el otro a mantener una sociedad cohesionada (tal vez con muchas fallas, últimamente); el primero avanza al ritmo de la innovación permanente que impacta en la cohesión social, mientras que el otro – permeado por intereses – trata de sostener los platillos en el aire como malabarista chino, dando la impresión de que actúa con lentitud y en forma reactiva. “Silicon Valley ahora tiene un poder comparable al de un gobierno. Lo que estamos presenciando es la primera gran disputa sobre quién lleva las riendas”, dijo Nand Mulchandani, exdirector de tecnología de la CIA y del Centro Conjunto de Inteligencia Artificial del Pentágono, en una entrevista durante la conferencia HumanX en San Francisco esta semana.
Si bien la industria de la IA cuenta con aliados en la Casa Blanca, la administración Trump también se ha topado con limitaciones en Washington. Los intentos de anticiparse a las acciones estatales, por ejemplo, han fracasado repetidamente, y la propuesta más reciente de la Casa Blanca para el Congreso sobre el marco de la IA enfrenta grandes dificultades.
Es por eso que las empresas de IA se están dando el lujo de plantear ideas políticas ambiciosas sabiendo, aunque sea para limpiar su conciencia de la disrupción absoluta que su tecnología produce.
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