Relato mata dato

Mundo loco

La «Operación Furia Épica», es una de las más desvergonzadas campañas de guerra, esta vez lanzada por los EE.UU. e Israel sobre Irán. El secretario de Guerra Pete Hegseth, con su cara de “Boogie el aceitoso” es perfecto para bastonear una masacre que, en nombre de dios, cuesta más de 41 millones de dólares por hora, o aproximadamente 11.000 dólares por segundo. Una montaña de riqueza cuando en los EE.UU. se discute el alto costo de vida, de la salud y la educación. Lejos de soslayar este hecho Donald Trump le acaba de decir a su pueblo que el gobierno federal no tiene plata para “pequeñeces” como la salud y otros problemas de los que deberá hacerse cargo cada Estado – como hizo Carlos Menem en los ’90 – porque todo el esfuerzo esta puesto en “las guerras” que lidera la nación.

Pero el belicismo es una mancha contagiosa. Un poco menos mediático, el gobierno francés no se quedó atrás y pudimos ver a Emmanuel Macron cantar a voz en cuello “La Marsellesa” junto a funcionarios y soldados en un hangar de submarinos mientras anuncia planes para revertir décadas de desarme nuclear mediante la expansión del arsenal francés. Además, amagó con enviar corbetas y un portaviones a Medio Oriente, pero reculó.

La pretendida causa de esta guerra – evitar que Irán desarrolle su bomba atómica – junto con otras acciones con las que Donald Trump continuó detonando las alianzas con viejos socios de ruta de su país y el derecho internacional que ellas sostenían. Las acciones del “presidente de la paz”, han logrado un masivo efecto adverso: una carrera nuclear y armamentística nunca antes vista.

Ahora todos los países se dan cuenta de que el derecho internacional ya no garantiza la soberanía nacional – por muy imperfecto e hipócrita que haya sido en el pasado -, la única salvaguarda que parece quedar es conseguir la bomba, o más bombas, cuanto antes. Hasta Brasil ha anunciado un fuerte incremento en su presupuesto militar, puesto que un ataque de los EE.UU. sería una nueva hipótesis de conflicto, impensada hace pocos años atrás, luego de la incursión a Venezuela y las amenazas a Cuba y Colombia.

En medio de esta guerra y de una realidad en la que ya nadie sabe que creer, qué es cierto y que no, el sitio web de noticias, The Lever, descubrió que la empresa de apuestas Polymarket ha creado un mercado de predicción para monetizar las probabilidades de una detonación nuclear en algún momento del próximo año. Y la noticia surge en medio de la preocupación de que los funcionarios gubernamentales ya estén participando regularmente en «uso de información privilegiada» al apostar sobre acciones militares de las que poseen información anticipada, como el asesinato extrajudicial de un ayatolá iraní o el secuestro de un presidente venezolano. O, dicho de otro modo, los mercados de predicción están incentivando a los funcionarios gubernamentales a impulsar o tomar el curso de acción que más les reporte beneficios en sus apuestas sobre asuntos que implican la muerte de otros.

Lo mismo ha sucedido la semana pasada cuando antes de cada anuncio de Trump se han registrado fuertes compras de crudo, tiñendo de más sospechas de corrupción a la administración actual. Hay incentivos extra para oprimir el botón rojo, aunque nadie pueda disfrutar de lo ganado en medio del holocausto que siga.

Para algunos analistas, la “locura” de Trump es una táctica para obtener lo que quiere y aunque eso fuera cierto los efectos de sus marchas y contramarchas, de apagar incendios con nafta, están fomentando y modelando un mundo en base a la irracionalidad y la mentira dos elementos que destruyen cualquier orden democrático o sistema de reglas compartidas para caer en manos de la voluntad de los que mandan.

Toda la Corte de la Casa Blanca exhibe un nivel de adulación que ni el personaje de Alberto Olmedo – el tirano de Costa Pobre – recibía. Medallas, estatuas y elogios de cinco minutos en el Salón Oval se suceden al ritmo de sus decisiones cambiantes.

La carrera nuclear todavía está en estado embrionario, luego de que en febrero pasado cayera el Tratado New START que limitaba a 1550 las bombas nucleares en manos de un solo país. Sin embargo, China, Rusia y los EE.UU. ya arrancaron, al tiempo que las armas no convencionales se fabrican a todo vapor. No sólo la guerra entre Ucrania y Rusia se alimenta de ellas, sino la desapercibida guerra entre Pakistán y Afganistán quienes ya han intercambiado misiles y declaraciones formales de guerra.

El escenario del conflicto, que prefigura una conflagración a escala mundial, ha puesto de manifiesto un alineamiento de dos coaliciones. Una de ellas agrupa a Estados Unidos, Israel, los Emiratos Árabes Unidos y la India, e incluso Afganistán. La otra, a Arabia Saudita, Pakistán, Turquía y China.

No obstante, todo ese entramado sigue pendiente de un Trump que cambia de objetivo – si tiene alguno claro – declara que ha vencido a Irán – no sabemos cómo coordina con Israel, aboga por que la OTAN acompañe la liberación del estrecho de Ormuz y al otro día – luego de apostrofar a los países de la OTAN que esquivaron el convite – declara que el estrecho no tiene ninguna importancia para los EE.UU. y que se retirará de Europa con sus bombas y soldados.

Pero hay algo más enloquecedor aún. Trump apoya a Putin y Putin suministra información militar estratégica y drones de última generación a Irán, elementos que matan a soldados estadounidenses. Esto sólo es entendible a la luz de un mundo gobernado por líderes autocráticos.

Hasta es difícil escribir algo al respecto. Lo que hoy parece ser el curso de los acontecimientos mañana se desvanece. Lo mismo con la información, la muerte o no de Netanyahu, los atentados de falsa bandera y todas las teorías conspirativas que crecen como hongos cuando el mudo se ha vuelto decididamente loco.

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ronchamp
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Politólogo UBA, Master FLACSO, pelotari Centro Navarro.