Relato mata dato

Kriptonita para los oligarcas

El exabrupto político más grave de Donald Trump, hace unos días, en el que dijo que un eventual ataque de Irán a California «Es un precio pequeño a pagar por mantener al mundo seguro, por mantener a nuestro país seguro. Pueden destruir una ciudad. Que destruyan Los Ángeles, que destruyan San Diego», podría estar relacionado, no sólo con su larga pelea con el gobernador California demócrata Gavin Newsom, sino con la “Prop 40”. 

La Prop 40 es una iniciativa de enmienda constitucional estadual que busca gravar a los 246 multimillonarios de California con un impuesto excepcional del 5 por ciento sobre los ricos cuya fortuna supere los 1.000 millones de dólares. Newsom, quien lidera los sondeos para la nominación de su partido en 2028, dice que el impuesto sólo tendría sentido si fuera federal. Pero esta postura lavada también sirve a sus necesidades de campaña. Chris Larsen, el multimillonario cofundador de la empresa de blockchain Ripple para pagos en línea, y opositor de la Prop 40, ha prometido impulsar a Newsom «de cualquier manera que podamos». Aquí haremos un paréntesis: Según Americans For Tax Fairness, 170 multimillonarios estadounidenses ya han gastado la cifra récord de 1.700 millones de dólares en la campaña de las próximas elecciones de mitad de mandato. Eso sin contar los 600 millones de dólares en dinero oscuro que se estima en circulación. El gasto político de los multimillonarios se ha multiplicado por 53 desde el fallo de Citizens United, que habilitó el financiamiento empresario de los políticos.

Además del propio gobernador, los oligarcas han financiado una fuerte campaña de desinformación que afirma que el impuesto es en realidad un «impuesto para todos». En un anuncio reciente, un caballo de Troya lleno de burócratas desembarca en un vecindario californiano de clase media. Asaltan a ancianos y niños en una carrera por incautar bienes como bicicletas, televisores y tablas de surf. Una campaña bien sucia. Confundir a los multimillonarios con los estadounidenses corrientes es una burda maniobra. Sin embargo, ha logrado debilitar el apoyo a la Prop 40.

Nadie ignora que su aprobación podría generar un éxodo de millonarios a otros estados – punto para Newsom – pero también podría sentar las bases para un cambio federal que ponga límites al ascenso sin freno de los súper ricos de EE. UU. que en las últimas décadas han crecido en número al calor de las exenciones impositivas.

Paradójicamente, la reacción anti-impuestos de Estados Unidos comenzó en California en 1978 con la victoria de la Prop 13, que impuso un límite estricto a los impuestos sobre la propiedad. Esa reacción se extendió a la nación con la victoria presidencial dos años más tarde del californiano Ronald Reagan. Algunos observadores no descartan que se pueda producir el efecto inverso, por lo que el objetivo de la Prop 40 es desencadenar una reacción similar contra la riqueza exorbitante no gravada, en el plano federal. En ese sentido, su aprobación podría ser tan trascendental para el futuro de Estados Unidos como la ampliamente pronosticada victoria demócrata en las elecciones de mitad de mandato, el mismo día, ya que ambas compulsas irán juntas. 

Uno de los multimillonarios más conspicuos de California – la mayoría de los cuales giran en torno a las tecnológicas de Silicon Valley- es el filántropo y empresario moscovita Sergey Brin, cofundador de Google junto a Larry Page, quien compara la intención de la Prop 40 con el sistema soviético del que sus padres huyeron en la década del ‘70. Apoyado por el alemán Peter Thiel, el libertario más influyente de Estados Unidos – que hoy vive en Buenos Aires – Brin ha gastado más de 100 millones de su propio dinero para derrotarla. 

Los multimillonarios también han ideado otra medida, la Prop 42 – similar a la Prop 13 – que prohibiría cualquier nuevo impuesto sobre los bienes personales que no sean bienes raíces. Dado que se trataría de una prohibición constitucional estatal, su aprobación sellaría cualquier tipo de impuesto a la riqueza hacia el futuro. 

Aunque el impuesto sobre los ingresos más altos y las ganancias de capital de Estados Unidos estaban cerca de duplicar las tasas de la década de 1970 de lo que son hoy (en poco menos del 40 por ciento y el 20 por ciento, respectivamente), la analogía soviética planteada por Brin toca una fibra sensible con otros estadounidenses adinerados. Su temor es que la Prop 40 sea la punta de la cuña. Brin también afirma que el dinero sería dilapidado por una burocracia fallida, argumento que hace mella en el auditorio. 

California, al igual que el resto de los estados de la Unión, se caracteriza por una infraestructura de servicios obsoleta, sin trenes de alta velocidad, ni puentes y super autopistas de las que China hace gala. Ni hablar de la salud y la educación. ¿Tener más dinero solucionará esto? Se preguntan desafiantes los libertarios.

Es claro que a personas como Brin, o Thiel no les interesa un Estado mejor, simplemente preferirían que no exista, postura que una buena parte de la oligarquía estadounidense apoya sin reparos y con mucho dinero. 

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Politólogo UBA, Master FLACSO, pelotari Centro Navarro.