Relato mata dato

Alemania y el instinto del escorpión

Ambas guerras mundiales del siglo XX tuvieron a la agresión alemana como protagonistas. Después de ser derrotada con sus aliados en 1918, el Tratado de Versalles impuso reparaciones de guerra y límites a su rearme. Lo mismo ocurrió en 1945 cuando Estados Unidos y la Unión Soviética permitieron a una Alemania dividida en dos, recomponer sus respectivos ejércitos, con serias limitaciones. Cuando ambas mitades se unieron luego de la caída de la URSS, Alemania continuó restringida en el tamaño y alcance de sus fuerzas armadas, incluida la prohibición de tener armas nucleares. Aun así, la primera ministra británica Margaret Thatcher se opuso, entonces, a la reunificación, temiendo que diera lugar a un país peligrosamente poderoso. Una Alemania más grande, advirtió en 1989, “socavaría la estabilidad de toda la situación internacional y podría poner en peligro nuestra seguridad”.

Los líderes mundiales se han reunido esta semana en Alemania para la Conferencia de Seguridad de Múnich, allí, el anfitrión y canciller Fredrich Merz dijo en la apertura: “Debemos darnos cuenta de que, en esta era de política de gran potencia, nuestra libertad ya no es algo que se pueda dar por sentado. Preservarla requerirá determinación, y debemos estar preparados para el cambio, el trabajo duro e incluso el sacrificio.”

Una encuesta de político.com muestra que la política de Donald Trump para Europa está alejando a socios tradicionalmente leales. En todos los países encuestados, muchas más personas describieron a Estados Unidos como un aliado poco fiable que como uno fiable, incluyendo la mitad de los adultos encuestados en Alemania y el 57 % en Canadá. En Francia, también, la proporción de quienes calificaron a Estados Unidos de poco fiable fue más del doble que la de quienes lo consideraron fiable.

Por otro lado, el brutal discurso de Trump en Davos en donde dijo: “Europa no sería nada sin los EE.UU.”, fue el colofón de varias acciones tendientes a destruir los puentes de confianza. Antes arremetió con la aplicación de aranceles a los productos europeos; con un acuerdo de paz en Ucrania con un plan ampliamente favorable a Rusia y el ataque verbal sobre la soberanía noruega de Groenlandia. El canciller Merz y antes, en Davos, el primer ministro de Canadá Mark Carney, han reconocido el nuevo orden en marcha.

Esta retirada estratégica de los EE.UU. que incluye desfinanciar la OTAN vuelve a abrir las puertas para el rearme acelerado del motor económico de Europa. En 2025, Alemania gastó más en defensa que cualquier otro país europeo en términos absolutos. Su presupuesto militar ocupa actualmente el cuarto lugar a nivel mundial, justo después del de Rusia. Se espera que el gasto militar anual alcance los 189.000 millones de dólares en 2029, más del triple que en 2022. Alemania incluso está considerando volver al servicio militar obligatorio si su ejército no logra atraer suficientes reclutas voluntarios, a los que se les paga unos 3200 dólares por mes.

El temor es que un crecimiento derive en un dominio militar alemán que podría terminar fomentando divisiones en el Viejo Continente. Francia está inquieta, al igual que muchos polacos, ambos podrían intentar contrarrestar a Alemania, volviendo a un esquema previo a la primera guerra mundial, lo que desviaría la atención de Rusia y dejaría a Europa dividida y vulnerable.

Agreguemos a este cuadro la posibilidad que de que en Alemania llegue al poder la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que, subiendo en las encuestas tiene en el oeste la primera oportunidad de controlar ejecutivos regionales importantes. Una Alemania controlada por la AfD podría usar todo ese poder para intimidar o coaccionar a sus vecinos, puesto que sus líderes son críticos de la Unión Europea y la OTAN e incluso han hecho reivindicaciones revanchistas sobre el territorio de países vecinos.

Recordemos que el primer canciller de Alemania Occidental en la posguerra, Konrad Adenauer, abogó por la integración de las fuerzas armadas de su país a un ejército europeo o en la OTAN. Tras el fin de la Guerra Fría, Alemania adoptó un enfoque de moderación militar y se identificó como una «potencia civil», una potencia confiable y no amenazante, incluso cuando la reunificación la fortaleció considerablemente. Como declaró Helmut Kohl, el primer líder de la Alemania reunificada, en 1989: «Solo la paz puede provenir de suelo alemán». La integración económica y política impulsada posteriormente por la UE creó una identidad paneuropea y fomentó la percepción de que los países europeos compartían intereses estratégicos y, por lo tanto, nunca podrían volver a competir.

Sin embargo, debajo de esa historia reciente late una rivalidad que nunca desapareció del todo, solo fue atenuada, en gran medida por la OTAN y la hegemonía estadounidense. La UE era, y es, principalmente una organización económica. La seguridad y la defensa en Europa estaban principalmente en manos de la OTAN y el ejército estadounidense. En otras palabras, fue la presencia dominante de Estados Unidos la que mantuvo en caja el dilema de seguridad europea que tradicionalmente han planteado el tamaño y la posición de Alemania, no solo la integración política y económica impulsada por la UE.

Si ese garante deja su rol, la competencia podría reavivarse. Algunos países europeos ya se muestran inquietos por el desarrollo militar y el gasto en defensa de Alemania. Berlín, por ejemplo, planea destinar la mayor parte de su presupuesto de defensa a empresas alemanas, aprovechando una excepción a las normas de competencia de la UE que permite a los países miembros omitir los procedimientos de notificación y autorización para la financiación pública de las industrias nacionales de defensa cuando dicho gasto reviste importancia para la seguridad. Es decir que Alemania no impulsa la europeización de la seguridad, sino su propio interés en ese tema.

Francia, Italia y Suecia, entre otros, han aprovechado la misma laguna legal de la UE para fortalecer sus sectores de defensa, y cuentan con industrias militares lo suficientemente grandes como para moderar el dominio alemán. Sin embargo, ningún país europeo puede igualar el gasto de Berlín.

Europa está ante un dilema porque una Alemania sin aguijón no podrá defender Europa, pero una con aguijón podría ser una amenaza seria como en el siglo XX.

A Macron no le agrada la idea de que Alemania sea la potencia militar de Europa, ya que cree que ese es el papel de Francia. Vigilará de cerca cualquier indicio de que Alemania pueda aspirar a obtener armas nucleares; la única ventaja competitiva francesa. Algunos funcionarios polacos temen que una Alemania militarmente poderosa pueda sentirse libre de restablecer relaciones amistosas con Rusia. Los polacos, y no solo quienes apoyan al partido populista Ley y Justicia, también han expresado su preocupación de que una Alemania dominante margine el papel de los estados más pequeños de la UE y pueda usar su poder para coaccionarlos.

Todavía sigue fresca la “crueldad fiscal” de Alemania que azotó a países como Grecia y Portugal luego de la crisis de 2008.

Un escorpión con aguijón y controlado por el partido extremista AfD que además se opone a apoyar a Ucrania y pretende revertir la integración económica y militar de Alemania posterior a 1945 en la UE y la OTAN, sería la peor perspectiva.

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Politólogo UBA, Master FLACSO, pelotari Centro Navarro.