Relato mata dato

¿Feliz año?

En los EE.UU. se está operando una doble transformación económica, política y social de final incierto, en la Argentina también.

El 1 de diciembre, la Reserva Federal dejó de ser independiente por primera vez desde 1935. Esto se debe a tres factores: Stephen Miran, desde septiembre pasado, es presidente del Consejo de Asesores Económicos – dependiente del Ejecutivo – y gobernador de la Reserva Federal. Ninguna persona ha ocupado ambos cargos desde que la Ley Bancaria de 1935 que prohibió tal cosa para aislar la política monetaria de la influencia del ejecutivo. Miran fue nombrado por Trump para cumplir ‌los pocos meses que le quedaban de un mandato de 14 años a Adriana Kugler quien dimitiera como gobernadora de la Fed de forma inesperada, en agosto. ⁠Ese mandato expira el ​31 de enero, pero Miran ​puede permanecer en el cargo hasta que el Senado confirme a su sucesor.

Ya en noviembre de 2024, Miran había expresado la necesidad de que la FED acompañara la baja de tasas solicitada por el proyecto MAGA e inducir a que los bancos centrales extranjeros canjearan sus tenencias de bonos del Tesoro por bonos cupón cero a cien años. Un default encubierto de la gigantesca deuda estadounidense. ¿Por qué los tenedores aceptarían ese canje? Porque se negociarían por aranceles y garantías de seguridad calibrados para fomentar el cumplimiento.

Por otro lado, el secretario del Tesoro Scott Bessent declaró públicamente que las operaciones del mercado del Tesoro impactan directamente en la calidad de vida de los estadounidenses, y añadió que el éxito en dichas operaciones es fundamental.

Lejos de ser una observación sobre el funcionamiento del mercado – eso que predica Javier Milei para la Argentina – el financista y sojero Bessent afirmaba que los rendimientos de los bonos del Tesoro se gestionarán como una variable política. El tipo de referencia del que se derivan las tasas hipotecarias, las tasas de los préstamos para automóviles y los costos de los préstamos corporativos se diseñará para lograr resultados, en lugar de determinarse mediante por el equilibrio de la teoría ortodoxa.

Desde el 12 de diciembre, la Reserva Federal de Nueva York comenzó a comprar aproximadamente cuarenta mil millones de dólares mensuales en letras del Tesoro mediante un programa denominado Compras de Gestión de la Reserva con el no confesado objetivo de proporcionar una oferta garantizada para los títulos de corta duración que el Tesoro necesita emitir. Este es un cambio silencioso pero inequívoco de que la arquitectura de la política monetaria estadounidense ha cambiado.

Este cambio se suma al creciente manejo de todos los resortes estatales por parte de Trump que, además de generar “oportunidades de corrupción” que ya han ingresado miles de millones a la familia Trump y sus allegados, son la respuesta a un severa crisis de deuda de su país.

Los pagos de intereses del gobierno de Estados Unidos alcanzaron los 970.000 millones de dólares en el año fiscal 2025. Esa cifra superó el gasto en defensa nacional en 53.000 millones de dólares, la primera vez en la historia moderna de Estados Unidos que el servicio de la deuda consumió más recursos que el ejército que, en teoría, garantiza el orden global del que depende el valor de esa deuda. Diecinueve centavos de cada dólar de impuestos recaudado ahora se destinan directamente a los tenedores de bonos antes de que se pague a un solo profesor, se repare una carretera o se dé la paga a un soldado o empleado federal. La Oficina de Presupuesto del Congreso proyecta que esta cifra superará el billón de dólares en el año fiscal 2026.

La deuda federal superó los treinta y ocho billones de dólares el 23 de octubre de 2025. A esa escala, cada cien puntos básicos de aumento de la tasa, añade trescientos ochenta y cuatro mil millones de dólares al gasto anual por intereses.

El Tesoro debe renovar 9,2 billones de dólares en valores con vencimiento durante 2025. El treinta por ciento de toda la deuda negociable en circulación. Con los niveles de déficit y las tasas de interés actuales, el gobierno federal no puede estabilizar su ratio deuda/PIB mediante ninguna combinación políticamente viable de restricción del gasto o aumento de los ingresos, situación que se repite año tras año y que está en el punto de eclosión. La Oficina de Presupuesto del Congreso proyecta que, según la legislación vigente, la relación deuda/PIB alcanzará el 156 % para 2055.

La única variable que puede morigerar esta situación es la tasa de interés. Y que ante el enorme problema sistémico está claro que la FED poco puede hacer y que su independencia es una quimera. ¿Independiente para hacer qué? Es decir que, más allá de Trump y su política imperial, la FED ya estaba desahuciada.

Pero esta confesión, por significativa que sea, representa simplemente el temblor visible de una fractura tectónica más profunda. El programa mensual de compra de 40.000 millones de dólares existe porque, en algún lugar bajo las superficies pulidas de entradas récord de renta variable y máximos históricos del mercado, la maquinaria que financia el consumo y el poder estadounidense está ganando músculo. La Reserva Federal puede percibir el inevitable desgaste, pero no puede detenerlo.

El espectáculo de una máquina que promete riqueza pro que está desligada de la economía real sólo profundizará la crisis en ciernes,

La semana pasada, los fondos de renta variable global absorbieron 145.000 millones de dólares en nuevo capital. Esta fue la mayor entrada semanal jamás registrada, superando la euforia impulsada por los estímulos de 2020-2021, superando la avalancha de recuperación post-pandemia y superando todas las medidas previas de entusiasmo de inversores en la historia de los flujos seguidos.

Al mismo tiempo, en los últimos dos meses la economía de Estados Unidos perdió 983.000 empleos a tiempo completo.

Estos no son datos contradictorios que requieran conciliación mediante un análisis inteligente. Son la marca de una bifurcación estructural que ha avanzado más allá de la corrección, del ajuste de política, de los aterrizajes suaves que el consenso aún espera y los mercados siguen valorando. Ahora existen dos economías dentro de las fronteras legales de una sola nación.

Esa misma estructura se está instalando en la Argentina, donde los bonos vuelan y el riesgo país baja para poder alimentar la máquina de financiamiento, aunque en este caso los resultados son peores porque no tenemos las espaldas ni el ejército de los EE.UU. para cubrirnos.

La primera economía, la economía de Wall Street – esa que le ha dado la espalda al ministro Caputo –  funciona como un motor de liquidez autorreferencial, un dispositivo narcicístico que se alimenta de su propio entusiasmo. En esta economía, los flujos de capital generan apreciación de precios, lo que atrae flujos adicionales, que generan una apreciación adicional, en un loop que se ha desvinculado casi por completo de la base productiva que nominalmente representa. Siete corporaciones ahora representan el 35 por ciento de la capitalización bursátil del S&P 500. Esta concentración supera el pico de las puntocom en trece puntos porcentuales. Supera cualquier configuración anterior en la historia del índice. La proporción de posiciones largas apalancadas frente a posiciones cortas en fondos cotizados en bolsa alcanzó 11,5 a 1 este mes, lo que significa que por cada dólar apostando a la caída, casi doce dólares amplifican las apuestas sobre la continuidad de la subida. El Indicador Bull and Bear de Bank of America, una medida compuesta del posicionamiento de los gestores de fondos, la amplitud del mercado y los flujos de capital, se disparó hasta 8,5, en lo que el propio banco califica como territorio de «alcista extremo» y desencadenando la decimosexta señal de venta contraria en la historia del indicador desde 2002.

La segunda economía, la economía de la calle principal, opera bajo una mecánica completamente diferente. En ella 9,3 millones de estadounidenses ocupan ahora múltiples empleos, superando el récord anterior establecido en 1996 en casi un diez por ciento y representando la mayor proporción de la fuerza laboral empleada que ocupa más de un puesto en un cuarto de siglo. El empleo a tiempo parcial aumentó hasta los 29,5 millones de trabajadores. El empleo a tiempo parcial involuntario, es decir, trabajadores que quieren trabajo a tiempo completo, pero no lo encuentran, aumentó un veinte por ciento en dos meses. El número de trabajadores desanimados, aquellos que han dejado de buscar porque creen que no hay empleo disponible, aumentó un sesenta y dos por ciento, año tras año.

AL igual que en la Argentina, la tasa de desempleo general del 4,2 por ciento no refleja nada de esto. Mide los cuerpos vinculados a las nóminas. No mide si esas nóminas proporcionan ingresos suficientes para sobrevivir sin segundo y tercer empleo. No mide si esos trabajos ofrecen seguridad social. No mide si el empleo constituye una participación económica genuina o simplemente una desesperación documentada.

Por estas y otras razones que hemos visto este primer año desde esta página web, es muy difícil augurar un feliz 2026. Hay pocas razones para ver un horizonte de felicidad colectiva. No obstante, haremos un voto irracional por la felicidad de todos.

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Politólogo UBA, Master FLACSO, pelotari Centro Navarro.